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El Mono Núñez
  • 29/05/2019
  • PorDaniela Baptista
  • Blog
  • 1

El Mono Núñez, que no nos quede pendiente en la agenda

El Mono Núñez, que no nos quede pendiente en la agenda
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¡Hola, amigos de Fincas de turismo! Espero que estén disfrutando de los días dedicados a la aventura, la magia, los videojuegos, la música. Aunque siempre hay opciones múltiples con nosotros. En esta oportunidad traigo un plan que les va a hacer añorar alguna de nuestras Fincas en el Eje Cafetero. De cualquier manera, espero que aprovechen a plenitud del evento de la fantasía. Que no se pierdan de ninguna de las variadas actividades que el Comic Con Colombia trae en su versión 2019. Bogotá y Corferias son una excelente opción por estos días. Pero no es la única, ni tampoco la que más se justa a todos los gustos.

La fantasía y las historias no solo se dan cita en el ámbito del Comic Con. Tampoco son exclusividad de las historietas de superhéroes, de los videojuegos o de las películas. Los ensueños están siempre presentes, la magia de una historia se revela de formas diversas. Y a cualquiera de nosotros nos asalta una epifanía, una revelación de una historia y una vida mejor. La extraña certeza de que, pese a todo, la vida sigue siendo bella, los árboles siguen floreciendo, el mundo girando. Que la cotidianidad de la humanidad es tan mágica como sus manifestaciones culturales. Que el ámbito de lo extraordinario está ante nuestra vista constantemente, pero que lo podemos pasar por alto con facilidad.

Siempre el arte…

Las artes siempre estarán ahí, listas para el rescate. Para salvarnos de la monotonía de la vida. Para darnos un nuevo aliento y regresarnos a los momentos bellos de nuestra existencia. Volver, por ejemplo, a nuestra juventud, aunque confío en que nos lean muchos jóvenes. Esa etapa dichosa cuando todo era ilusión, posibilidades, metas por cumplir. Esa época fenomenal cuando el amor era real, posible, palpable. Cuando era nuestro. Cuando los sueños no conocían de límites, ni las ilusiones de fronteras. Ese tiempo feliz cuando vivir era una aventura constante y cada día era diferente al anterior. Cuando nuestras fuerzas prometían no extinguirse al tiempo que nuestras esperanzas se remontaban inalterables hasta las estrellas.

Regresar a la infancia (¡quizás!), donde podíamos creer que todo era posible. Cuando en nuestra inocencia podíamos disfrutar de los milagros de la naturaleza, sentados en un andén cualquiera. Ese instante cuando nos podíamos sorprender de todo, porque todo era nuevo, precioso y genuino. Cuando una melodía era la vida misma. La condensación de todos los misterios, la conjunción de todas las bellezas. Cuando podíamos unir, mediante esa sabiduría del candor infantil, la perfección del mundo natural y la dulzura de una música lejana. Acaso les habrá sucedido, que algunos acordes los llevan de regreso a parajes o momentos que habían quedado olvidados. Quizás suspendidos en el tiempo, enterrados en la memoria, esperando el momento oportuno para emerger.

Y la música, siempre ella…

La música (sí, otra vez ese regalo precioso) es un vehículo perfecto para conectar con mundos fantásticos. Es un puente que se tiende entre la realidad y la ensoñación. La unión entre el cálido recuerdo y el presente ineludible. El sonido de las cuerdas de una guitarra, de un tiple y de una bandola nos transportan a lugares insospechados. Nos cuentan historias con su sonido que embelesa. Estos tres instrumentos constituyen el origen de la música que se llegó a llamar vernácula. La que después vendríamos a conocer como música andina. Bambucos y pasillos que embargan el corazón lo mismo de melancolía que de regocijo. Nuestra cultura es fecunda en este tipo de expresiones y viene impresa en alma.

Escuchemos, por ejemplo, esta pieza hermosa y permitamos que nos llene de emoción.

Son innumerables las veladas de romance que propiciaron estos aires autóctonos. Las canciones de amor al terruño y de añoranzas por el hogar. Hemos sido privilegiados al poder escuchar a una bandola con su aleteo de hada, narrándonos historias insólitas, entrañables, íntimas. Es una dádiva excepcional oír al tiple y la guitarra acompañando cada relato y enriqueciéndolo con detalle y prolijidad. Podría pensarse que esas cadencias remotas han caído en desuso. Que la música vertiginosa de hoy ya no deja tiempo, ni gusto, ni espacio, para estos acordes complejos, precisos… preciosos. Caeríamos en una lamentable y poco provechosa nostalgia si así fuera. Por fortuna, nada más alejado de la realidad. La música andina colombiana está más viva que nunca. Para la muestra, basta un botón. Pero permitámonos observar dos, al menos.

Algo de historia…

El Festival Mono Núñez de Música Andina Colombiana afirma con vehemencia que los tríos siguen muy vigentes. La bandola, el tiple y la guitarra continúan contando historias, relatando sin descanso, favoreciendo tantas veladas como antaño. El Festival del Mono Núñez es el más importante concurso de música andina del país. Año tras año atrae a los más diversos competidores que deben llegar a él, previa clasificación. Este certamen nació como iniciativa de algunos notables (un par de religiosas incluidas) del municipio de Ginebra, Valle del Cauca. Desde 1975, año en que se llevó a cabo la primera edición, este certamen no ha hecho más que crecer. En 2003, este evento maravilloso fue reconocido por el Congreso de la República como Patrimonio Cultural de la Nación. Un acierto un tanto tardío, pero acierto al fin.

El de 1975, de hecho, pese a ser el primer Festival, el evento fue todo un éxito. La presencia como jurados de grandes figuras del folklore nacional aseguró su prestigio de allí en más. Su nombre es un homenaje que se le rindió desde la segunda edición a Benigno «el Mono» Núñez. Este artista del municipio de Ginebra merece un capítulo especial. Su innegable talento para la música y su destreza para ejecutar la bandola contrastan notablemente con su escaza formación musical. Su extraordinaria capacidad para tocar la bandola lo convirtieron en una figura de renombre en todo el país. Así, como hijo favorito de Ginebra, era el encargado de abrir cada Festival tocando con su trío «Tres generaciones». Participó en todas las ediciones del Festival que lleva su nombre hasta 1991, cuando falleció.

Este año no te lo puedes perder…

Este año, el Festival Mono Núñez se llevará a cabo del 30 de mayo al 2 de junio. Las audiciones regionales que clasifican a los concursantes cada vez están más saturadas de competidores. El objetivo con el que se creó el evento está siendo cumplido a la perfección. La preservación, promoción y difusión de la Música Andina de Colombia, sigue su curso con toda serenidad. Las nuevas generaciones siguen deslumbrándose con las preciosísimas notas arrancadas de las cuerdas de los tres instrumentos fundacionales. Compositores, intérpretes y espectadores se siguen dando cita año tras año para deleitarse con la música andina colombiana. El año pasado uno de los ganadores del concurso fue el joven intérprete Asael Cuesta. Deleitemonos escuchándolo un ratito, para ir entrando en calor:

Como puedes observar el Festival Mono Núñez de Música Andina Colombiana es un evento que no te puedes perder. Reserva ahora mismo una de nuestras Fincas en el Eje Cafetero y disfruta de los concursos que ofrece el Festival. La edición 45 está esperando por ti. No dejes de gozar de la hermosa Ginebra, y de las dulces melodias que la engalanan por estos días. ¡¿Vamos?!

Por: Dagoberto Garzón Q.

@Dagho82

Referencias

  1. Festival de Música Andina Mono Núñez
  2. Festival de Música Andina Colombiana

Daniela Baptista

1 Comentario

***Daniela***

El 30 de Mayo 2019

Me dejo sorprendida este articulo, este es arte mágico, con interpretes que impactan en su presentación desde el primer acople que se escucha

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