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San Pablo San Pedro y San Juan
  • 19/06/2019
  • PorDaniela Baptista
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San Pablo San Pedro y San Juan

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¡Hola, apreciados amigos! Se acerca un fin de semana con festivo incluido, conocido por ser la fiesta de San Pablo y San Pedro. Por ahí cerquita también está la celebración de San Juan (no el apóstol). ¿Nos quedamos solo con el descanso festivo? O, ¿son todavía relevantes para nosotros hoy las historias de estos hombres? Veamos un poco de ellos, ¿me acompañas?

Hijo de sacerdote y profeta…

Entre las montañas de Judea se oye una voz poco común. La apariencia del hombre que alza su voz en ese lugar deshabitado también llama la atención. Lleva una rústica túnica de piel de camello ceñida por la cintura con un cinto de cuero. Su alimentación sobria, su indumentaria sencilla y su vehemente mensaje contrastan con los excesos de la época. Aunque todo en él reflejaba la humildad y la modestia de los profetas de antaño, su origen era distinguido. Sus padres vivían en la tranquilidad del campo, quizá en una pequeña y agradable parcela. En esa apacible experiencia que puedes disfrutar con nuestras fincas en arriendo, por ejemplo. De acuerdo con el relato sagrado, Zacarías, su padre era sacerdote en el templo de Jerusalén. Justamente allí, mientras ofrecía incienso, Zacarías recibió la visita de un ángel anunciando el nacimiento de Juan.

San Pablo San Pedro y San Juan

Las recomendaciones que Zacarías y su esposa recibieron no eran desconocidas para ellos. El tipo de cuidado que debían tener con su hijo era semejante a la recibida por otros ilustres padres judíos. ¿Cuidado en su alimentación, la prohibición de bebidas alcohólicas y una palmaria pero profunda declaración de su misión? Acaso un guiño sobre las influencias prenatales que tan recientemente hemos podido verificar mediante el avance de la ciencia médica. Podría ser. Así que la misma concepción de Juan fue considerada un milagro, por las circunstancias del templo, por la visión angélica. Pero también, y no menos obvio, porque sus padres ya eran de edad avanzada.

De este modo, Juan creció con la certeza de su misión divinamente establecida. Por eso se convirtió en un activo predicador y denunciante de los abusos de su época. Se lo había llamado para preparar a su pueblo para el encuentro con el mesías. El trabajo de Juan consistía en hacerlos advertir su propia vida licenciosa, su falta de empatía y justicia. En señal de arrepentimiento y conversión, las personas iban al río Jordán, donde eran bautizadas por Juan. La conversión espiritual evidenciada en un cambio de hábitos fue la experiencia de muchos en su época. Aunque en apariencia su vida terminó de una manera trágica, su misión fue un total éxito. Jesús, el mesías, lo valoró como el más grande profeta que existió.

Un rudo pescador…

En condiciones muy diferentes encontramos a Simón Pedro, un pescador de la región de Galilea. Su ocupación era considerada de baja condición, para gente vulgar y sin educación. En esas condiciones poco alentadoras creció Pedro, llegando en su edad madura a ser su propio jefe. La pesca se había convertido en una empresa familiar, nada despreciable. El contexto diario hizo de Pedro un hombre trabajador, rudo, impetuoso. Su predisposición al liderazgo era evidente, pero muchas veces lo hacía impulsivo e irreflexivo. Era, en rasgos generales, un buen hombre, un habitante promedio en el vasto imperio romano. Así lo encontró Jesús.

Antes de llamarlo a ser su discípulo, Jesús hizo de la barca de Pedro el escenario de un milagro extraordinario. El relato sigue asombrando a multitudes hoy en día, una pesca gigantesca después de una noche de trabajo infructuosa. El endurecido pescador no pudo negarse a la invitación de ser un «pescador de hombres». Su vida de allí en más experimentaría toda suerte de cambios, aprendizajes, errores y aciertos que lo convirtieron en apóstol. Uno de los más célebres, por cierto. Su liderazgo entre el grupo cercano de Jesús no se pone en duda, su proximidad con el maestro era evidente. Por eso la mancha de su negación siempre será un tema de reflexión. El grueso error y el sincero arrepentimiento hacen de Pedro una buena muestra de lo que somos los humanos.

 fincas en arriendo

Por eso su ministerio en la iglesia cristiana primitiva es tan significativo. El hombre que dejó de ser un burdo pescador y que se convirtió en orador exquisito, también era humano. Se equivocaba y entendía el peso de la culpa. Su condición de líder perdonado y restaurado lo hizo paciente, tierno y considerado. Su influencia sigue viva entre los cristianos un par de milenios después. La tradición afirma que sufrió el martirio en Roma, tras un dilatado servicio a la iglesia de esa ciudad. Cuentan que fue crucificado cabeza abajo, por pedido expreso del apóstol que se sentía indigno de morir como su maestro. Otro personaje que, pese al martirio, le dio un significado particular a la palabra éxito.

Un viajero infatigable…

Otro tanto podemos decir del popularísimo Saulo de Tarso. Popular en su época y también en la nuestra, sin duda alguna. Su historia comienza como la de un joven promisorio en el orden académico judío, aplicado, disciplinado, comprometido. Además de ser brillante, su celo por las normas y las costumbres del judaísmo, lo hicieron favorito de los dirigentes. Su formación sumada a su piedad eran la combinación perfecta para combatir la nueva herejía que amenazaba la religión judía. Los seguidores de Jesús, a quien proclamaban el mesías esperado, estaban llenando el mundo con sus ideas revolucionarias. Era menester frenarlos. Las palabras no lograban disuadirlos, se hacía necesario pasar a hechos más concretos y radicales.

Es en ese escenario que Saulo de Tarso se hace cada vez más importante para su nación y su religión. Dos cosas que eran casi la misma, una religión que se identificaba plenamente con una nación y viceversa. Ahora estaba siendo minada la religión y, por extensión, la nación judía como depositaria del favor divino, el pueblo escogido. La nueva herejía igualaba a todas las naciones, las hacía igual de valiosas ante la misericordia divina. Era inaudito, ofensivo y peligroso. Las acciones a seguir debían ser rigurosas, los herejes debían ser obligados a retractarse o sufrir las consecuencias. Cárcel, persecución, despojo y muerte. Saulo tenía plenos poderes de los dirigentes religiosos para llevar a cabo esta tarea y la ejecutaba con severidad.

En uno de sus viajes buscando herejes para castigar, tuvo una visión que le cambió la vida. Y el nombre. Jesús, el mesías, le confirmó que había estado del lado incorrecto de la historia. Saulo, ahora Pablo, pondría en favor de la naciente iglesia cristiana todo el fervor que antes había ocupado en perseguirla. Además de abandonar su antigua fe judía, diseminó por gran parte del mundo gentil (no judío) la nueva doctrina. Se dedicó a viajar y a defender en cada lugar aquello que antes le parecía una herejía. Hoy es conocido como el más grande apóstol y su influencia solo es superada por la del mismo Jesús. Pasó de perseguidor a perseguido y, al igual que los dos personajes anteriores, murió como mártir, decapitado en Roma.

Estos tres hombres, tan diferentes uno del otro, tan incompatibles quizás, hallaron un punto en común: Jesucristo. Hoy, la tradición cristiana honra su vida y obra los últimos días del mes de junio (¡sí, por eso hay feriado!). Su entrega, su pasión por la misión que les encomendaron, su transformación, su vida misma, habla de una motivación extraordinaria. Nos recuerda que siempre se puede ser mejores. Las condiciones en las que nacemos o crecemos no deberían limitarnos, definirnos por completo, podemos dejar una huella indeleble. En el desierto de la vida diaria, como Juan el Bautista. Con el trabajo más humilde y rudo, como Pedro. En las altas esferas de la academia o el poder, como Pablo. Dejemos como ellos el dulce aroma del servicio alegre y generoso.

Conmemoremos las fiestas de San Pablo, San Pedro y San Juan de una forma nueva, una mejor. Agradezcamos el puente festivo para disfrutar de nuestras fincas en arriendo (¡cómo no!). Pero demos gracias también por la oportunidad de conocer estas historias. Inspirémonos en ellas y vivamos con la firme intención de ser cada vez mejores. ¡Hasta la próxima!

Por: Dagoberto Garzón Q.

@Dagho82

Referencias

  1. San Pedro y San Pablo
  2. Fiesta de San Juan
  3. Juan el Bautista
  4. Simón Pedro
  5. Pablo de Tarso

Daniela Baptista

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