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Turismo en Colombia:

Mina de diversidad

Por años hemos creído a fe ciega que nuestro país es una joya turística. Nos enorgullecemos con bastante frecuencia y sacamos pecho por las excelencias naturales, gastronómicas o arquitectónicas de nuestro país. Sin embargo, hay algunas cosas que valdría la pena conocer y resaltar. El turismo en Colombia es uno de los renglones de la economía que más ha crecido en los últimos años. La enorme cantidad de posibilidades turísticas hacen del país un destino deseable para colombianos y extranjeros. La indiscutible calidez de su gente, los espectaculares paisajes y los innumerables eventos culturales, hacen de Colombia un paraíso turístico.

Todo esto, sumado a la creciente sensación de seguridad, ha hecho del turismo en Colombia en un fuerte soporte económico. Los primeros beneficiados son los propios habitantes del territorio nacional. Además de verse favorecidos por el progreso en materia mercantil, los viajes de placer también son una realidad tangible. En los últimos años el acceso a paquetes turísticos para conocer regiones exóticas del país ha sido masificado. Lugares que en otros tiempos eran destinos exclusivos de personas de altísimos ingresos o extranjeros, hoy pueden ser visitados masivamente. Colombia es un lugar abierto a la curiosidad de sus propios habitantes. La cultura de los diferentes territorios se despliega ante los ojos fascinados de los hijos de esta tierra.

Turismo en Colombia

Conociendo nuestra tierra

Miles de colombianos se trasladan con desenvoltura por su país en temporadas vacacionales. Se recorren cientos de kilómetros de carreteras, se acumulan millas y se navegan sin cesar ríos y mares. El turismo en Colombia comienza con los dueños de casa. Si bien es cierto que los viajes al exterior son siempre una gran tentación, no son tantos los que pueden costearlos. Además, no son pocos los que prefieren quedarse a recorrer su terruño. Aprender más de la tierra propia y sus costumbres variadas son un plan bastante apetecido entre muchos colombianos. Antes de dar el salto al exterior, es una extraordinaria idea aprovechar cada centímetro de nuestra propia geografía.

Es por eso por lo que algunos más han optado por reducir sus salidas al extranjero. Para concentrar su atención un poco más aquí. La diversidad de paisajes y climas, la riqueza cultural y ambiental, el delicado equilibrio entre ciudad y campo, siguen cautivando. También es cierto (y no menos importante) que la situación de orden público ha venido estimulando el sector turístico. No es una información menor para los viajeros saber que el país es más seguro. El reciente proceso de paz llevada a cabo con la guerrilla más veterana de América fue aplaudido y respaldado por el mundo.

Una nueva esperanza

El cese de hostilidades de este grupo alzado en armas fue tomado con mucha cautela en un principio. Sin embargo, con el paso del tiempo y el avance de las negociaciones, la buena voluntad se hizo incuestionable. Algunas regiones empezaron a abrirse al turismo como nunca, paisajes antes proscritos ahora se hallaban al alcance de los viajeros. El turismo en Colombia experimentaba un inusitado renacer de mano de la incipiente paz que se insinuaba tímidamente. Una era de redescubrimientos de la geografía nacional se atisbaba con modestia en el horizonte. Propios y extraños volvían a asombrarse con los paisajes que antes se aislaban merced al peligro de la guerra.

Así, Colombia volvió a ser un solo destino. Sin zonas rojas que excluir del mapa. Sin la constante amenaza del conflicto interno que solía pasar rozando al que se aventuraban a conocer el país. Después de medio siglo de zozobra, la luz de un nuevo día de esperanza se empezaba a vislumbrar, aunque cautelosamente. El turismo en Colombia parecía recibir un espaldarazo de parte de la política y la diplomacia. El final del conflicto y la firma de un tratado de paz sellaron la expectativa de una nueva Colombia. Algunos se resistían a creer que una noticia tan buena fuera cierta. Todavía hay quienes creen que no fue el mejor camino. Con todo, la realidad ha demostrado que el país que anhelábamos visitar ahora está ante nosotros. Esperando a que lo recorramos.

Es cierto que el proceso de paz no acabó con todos los males de la nación. Problemas que venían incubándose desde hacía cincuenta años y que se ramificaron y se extendieron sin control. Dificultades que, aunque derivadas de la guerra, no desaparecieron con ella. Inconvenientes que nos tomará mucho tiempo resolver, aun entender apropiadamente. La paz se construye día a día, lo hemos venido entendiendo con cierta demora. Pero, aunque parezca que estamos divididos por un tema tan crucial, la verdad es que seguimos juntos y unidos. Cada habitante de este país quiere la paz, desea vivir en la tranquilidad de una sociedad justa, equitativa.

Nuestra diversidad

Tenemos diferentes formas de concebir nuestra situación y diversas maneras de creer llegar a soluciones. Justamente en esa diversidad de pensamiento radica nuestra mayor fuerza, pese a que hoy parece que es nuestra mayor debilidad. Nos tomará un buen tiempo darnos cuenta de que, al igual que la geografía de nuestra patria, somos diferentes y valiosos. Que la variedad de opiniones y formas de abordar las circunstancias hacen de nuestra nación un depósito de fuerza intelectual. Nuestra riqueza aumenta sin que siquiera lo notemos. La belleza de nuestras montañas, de nuestras fuentes hídricas, de nuestros valles y nuestras nieves perpetuas, seguirá maravillando al que las observe. Del mismo modo, la capacidad de escucharnos y llegar a acuerdos serán motivo de la admiración mundial.

La diversidad natural y cultural que hacen de nuestro país un lugar deseable para recorrer seguirá su curso inexorable. La variedad de nuestras ideas y opiniones nos permitirán seguir creciendo en el concierto de las naciones. Escuchar al otro, respetarlo, valorarlo, reconocerlo y entenderlo como un hermano nos hará una sociedad cada vez más deseable. No solo serán nuestros preciosos paisajes los que atraerán la atención del mundo, sino nuestra capacidad de perdonar y construir. Alcanzar, por fin, la madurez como país será entender que la paz se construye a diario. Que comenzamos hoy y seguiremos sin descanso hasta el último de nuestros días.

Por: Dagoberto Garzón Q.

@Dagho82

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